Al alba entre adobe

Desperté. Me asomé al balcón de aquella casa de barro donde había pasado la noche, tras un agotador viaje de 13 horas, la jornada anterior, en una furgoneta de reparto de Coca-cola.

Encendí un cigarro de extraño tabaco maliense mientras contemplaba las azoteas de aquella ciudad de barro: La mítica, mística y emblemática Djenné, en el corazón de Malí. La ciudad que alberga la mezquita de adobe más grande del mundo.

Era curioso admirar cómo las primeras luces del día se filtraban entre las irregulares edificaciones y generaban un ambiente de rayos luminosos que evidenciaban el polvo que inevitablemente flotaba en el ambiente.

Un momento. De esos momentos en los que sólo observas y te das cuenta de que eres un privilegiado por poder ver con otros ojos lo que aquí es cotidiano. Y sonríes, pensando que ha merecido la pena el largo viaje.

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