EGIPTO (Parte 5) – Las pirámides y la Gran Esfinge

Al día siguiente nos levantamos temprano, para tomar el desayuno en un lujoso bufet, con unas ostentosas lámparas de cristal, y acudir a la excursión que nos llevaría a las pirámides. Nada más levantarnos volvimos a escuchar los rezos de las mezquitas y pudimos ver ya las instalaciones del hotel con luz. Lo primero que nos llamó la atención fue que debajo del cristal de la mesa de la habitación había una flecha indicando la dirección de la Meca, para los rezos. Salimos y vimos, tras volver por el jardín, que desde el propio recinto del hotel se divisaban al fondo las puntas de las tres majestuosas pirámides. Había también una gran piscina en el centro de las instalaciones y con este calor estábamos deseando tener tiempo para probarla.

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Salimos del hotel y subimos en el autobús. Esta vez sería un trayecto corto, ya que se veía que estábamos cerca. Shayed de nuevo comenzó sus explicaciones sobre las pirámides. Dejo una foto del guía, que hasta ahora no lo había descrito. Era una persona con un sentido del humor algo forzado, hablaba un buen castellano con acento árabe y no parecía gustarle mucho su trabajo. Aunque en la fotografía no se aprecia tenía un pequeño morado en la frente que, tras deambular posteriormente por El Cairo y ver que mucha gente también lo tenía fui consciente de que era producto de los golpes con el suelo durante la oración. En este caso Shayed portaba un chaleco curiosamente de la CAM (entidad bancaria española) que supongo que habría heredado de algún turista.

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Unos minutos después arribamos a la entrada a las pirámides en la conocida como meseta de Guiza. El guía fue a comprar los tickets, los cuales incluían la entrada al recinto y la visita al interior de la pirámide de Keops. Son 3: Keops, Kefrén y Micerino. La pirámide de Keops es la mayor y está situada en el centro de la explanada. La segunda en dimensiones es la de Kefren. Se nos ofreció poder entrar a la pirámide grande, pero había que pagar un dinero extra y hacer una cola de varias horas, por lo que decidimos, a priori, no hacerlo.

Las pirámides de Egipto están consideradas como una de las 7 maravillas del mundo y fueron construidas alrededor del año 2.500 a.C. y su función era la de albergar el cuerpo del faraón tras su muerte. Allí era enterrado junto a comida y bebida abundante, así como joyas y elementos de gran valor, ya que se creía que el faraón resucitaría y pasaría allí un tiempo antes de convertirse definitivamente en una deidad. Podemos decir que son tumbas, tumbas colosales, las más enormes conocidas. Parece ser que se tardaba alrededor de 20 o 30 años en construirlas. El proceso era extremadamente complicado, debían transportar las piedras talladas desde las canteras de Aswan a través del Nilo en barcas, aprovechar las subidas del río y algún mecanismo de madera con rodamientos para situarlas en la meseta y a partir de aquí alzarlas utilizando unos andamios de madera que rodeaban en forma de espiral la estructura. Dicen que fue uno de los primeros sistemas de andamiaje de los que se tiene constancia (aunque existen muchas teorías sobre cómo exactamente se estructuró la construcción). Los obreros eran esclavos nubios del faraón y lo único que recibieron a cambio fue sustento alimentario, muchas veces escaso. Se dice que murieron miles y miles de personas en su construcción. Hay también mucha especulación sobre fenómenos asombrosos que rodean a estas construcciones. Se dice que debían tener un conocimiento extremo, no sólo de arquitectura, si no de matemáticas y astronomía para construirlas de forma tan precisa, pues era necesario saber realizar cálculos de estructuras, de geometría (implicando el número pi) y de la geometría de las constelaciones, porque el alineamiento de las pirámides coincidía con 3 estrellas fundamentales para la navegación. Sin duda el pueblo del imperio egipcio era un pueblo con un nivel de conocimientos avanzadísimo para su época, e incluso mucho más avanzado que el de culturas posteriores. Lo que si es observable es un pico que culmina la pirámide mayor, la de Kefrén, como una especie de cápsula superior. Esto es porque originalmente, el exterior de las pirámides estaba recubierto de mármol por completo, y sobre ese brillante mármol había tallados jeroglíficos de colores. Este detalle, debido a la erosión y el paso del tiempo se ha perdido, dejando paso a la piedra cruda, pero debió ser impresionante en su estética primigenia.

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De nuevo estábamos en un paraje único en el mundo, y nos invadía esa sensación de que recordaríamos aquello el resto de nuestras vidas. Una vez el guía terminó de hablar nos dejó libertad y nos dio varias horas para deambular por la zona, y acceder a la pirámide mediana. Lo primero que hicimos fue sacar algunas fotos del entorno. También existía la posibilidad de realizar un paseo en camello, pero no quisimos hacerlo pese a la contínua insistencia de los locales. También estábamos previo aviso de la multitud de estafas que ocurren con estos camellos, como por ejemplo, que te dicen un precio por llevarte a dar una vuelta, por ejemplo, de 3 euros; subes al camello y te llevan lejos, una vez allí te dicen que el precio de 3€ era hasta ese punto, que si quieres volver son 20€. Se las saben todas… 😉

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Nos acercamos a las pirámides para verlas lo más cerca posible… Su aspecto desde la corta distancia es bastante extraño. Desaliñados bloques de piedra custodiados por policías que, por razones de conservación no te permitían acercarte más de 4 o 5 metros a las milenarias rocas.

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Ahí arriba podéis ver al policía que custodiaba la pirámide de Keops. En la foto de abajo, ¿que véis? A Arturo y a mí tocando las piedras de la pirámide. Efectivamente, sobornamos al guarda. Pero en esta ocasión fue un soborno provocado. El mismo agente se puso al lado nuestro levantando el cordón que rodeaba la pirámide y haciéndonos gestos con la mano para que pasásemos seguido del “gesto de dinero”. Por un solo euro nos dejó pasar y se alejó de la zona como si no fuese con él la cosa.

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Fuimos bordeando a pie la pirámide dirigiéndonos a la de Kefren con la intención de acceder a su interior. Dando un paseo, intentando que fuese algo relajado, cosa que conseguíamos siempre y cuando estuviésemos cobijados por alguna sombra. Ir acumulando calor continuamente nos dejaba algo aturdidos. Llegamos a la puerta de la pirámide a la que debíamos entrar, con el ticket en la mano… Al ir aproximándonos nuestras ganas por acceder a la misma iban disminuyendo, al observar la cantidad ingente de personas que se agolpaban en una absolutamente inimaginable minúscula entrada. Cristina, que tenía cierta claustrofobia, ya decidió de antemano que no iba a entrar. Finalmente yo sólo fui el que entró. Tras hacer la cola, llegué a la boca de entrada a la pirámide. Impresiona… No era posible tomar fotos en el interior, pero trataré de describirlo lo mejor posible y haré uso de imágenes encontradas en Internet. La siguiente imagen muestra como se ve la entrada desde arriba. Se trata de un pasaje hiper estrecho que se sumerge hacia dentro, con una gran inclinación hacia abajo. La apertura no es mayor a un metro y medio de alto por otro tanto de ancho, por lo cual hay que pasar agachado TODO EL TIEMPO, permaneciendo de cuclillas sin poder levantarte hasta alcanzar el interior. En esa imagen se ve el camino completamente despejado, pero en aquel momento estaba abarrotado.

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Según iba avanzando la cantidad de luz disponible era menor, las rodillas iban molestando más, el aire iba faltando, iba siendo poco a poco más denso… Y una sensación de angustia me iba invadiendo. Aquello parecía no tener final. Pensé que Cristina había hecho bien en no bajar. Miraba hacia abajo y sólo veía gente en aquella diminuta gruta. Miraba hacia arriba y lo mismo, más gente. Por este pasadizo sólo cabe una persona a la vez y es muy muy largo. Creo que es peligroso. Con este tremendo calor que hace que nos tiene a todos chorreando y con el poco oxígeno que hay aquí dentro, considero que si alguien se marea, se desmaya, o sufre un ataque de claustrofobia o pánico, está realmente jodido. No podría llegar fuera fácilmente, tendría que recorrer los interminables metros de subida, agachado y siempre y cuando no hubiese gente bajando. Este pensamiento hizo que un escalofrío me recorriera la espalda…. Necesitaba llegar ya.

Uno puede tener la idea de que el interior de una pirámide egipcia es laberíntico, grande, impresionante, con bóvedas magnas de faraónico tamaño. Nada más lejos de la realidad. En el siguiente dibujo se muestra un esquema del interior de la pirámide. El punto 1 es desde el que yo accedí. El punto 3 es la cámara funeraria a la que nos dejaban acceder tras descender la infernal cuesta.

piramides4 Por fin llegué abajo. Fue poner un pie en suelo llano, alzar por fin mi dolorida espalda y notar a cada bocanada de aire que no era suficiente. Había mucha gente allí. Mucha profundidad. Aquellas paredes de piedra desprendían un calor impresionante. El aire era denso. Era como estar en el mismísimo infierno. En una sauna en las profundidades del desierto. El sudor empezaba a manar de todos mis poros, metíendose en mis ojos. No aguantaría mucho tiempo más allí. El temor a desmayarme empezaba a aparecer. Di un par de pasos siguiendo a la gente -que se encontraba tan aturdida como yo- y entonces me di cuenta que no había mucho que ver allí, después de todo. Una estrecha habitación con un sarcófago de piedra. Me quedé ojiplático, como digo, me esperaba un interior muy amplio y simplemente había eso. En la siguiente imagen tenéis descubierto el misterio del interior de la pirámide de Kefrén. No hay más. Lo que si me llamó la atención fue el tamaño del sarcófago aquel y el grosor de sus paredes. ¿Cómo habrían metido eso ahí? No parecía caber por el pasadizo por el que nosotros habíamos entrado y no se veía ninguna otra entrada. Posteriormente descubrí que construían las pirámides alrededor de los sarcófagos. PiramideKeopsSarcofago

Salí de allí lo más rápido que pude subiendo aquella cuesta y justo al salir, agotado sin aire y empapado en mi propio sudor, noté una ráfaga de aire renovado y frío que me devolvió la vida. ¡Notaba el aire frío! Es posible que hiciese ese día cerca de 40 grados y yo notaba fresco en la brisa que corría. Salía de una maldita caldera. Me quede unos minutos mirando a la gente que salía de la pirámide, todos con la lengua fuera y cara de agobio. Sinceramente, aquel sitio era un peligro y ni siquiera había una ambulancia en la puerta por si acaso.

Busqué a Cristina y le comenté la experiencia. Le dije que había hecho muy bien en no haber entrado. Y durante unos minutos mantuve la sensación de frescor, hasta que mi cuerpo se volvió a regular y de nuevo volví a sentir el aplomo del calor egipcio. Tan agotador…

Aún quedaba una media hora hasta que tuviésemos que volver al autobús para salir camino a la esfinge, nuestra próxima visita. De modo que aprovechamos para alejarnos un poco de las pirámides y contemplarlas desde la lejanía, desde donde también podríamos tomar alguna foto con buena panorámica. Según caminábamos bajo el sol de justicia íbamos alejándonos de la mayoría de turistas e íbamos encontrándonos con más locales que seguían ofreciendo sus servicios de transporte en camello. Decidimos seguir a pie.

101_2724 llegamos a una explanada desde la que pudimos tomar la siguiente imagen. 101_2730

Ya de vuelta, volvimos a recorrer los metros que nos separaban del autobús, completamente achicharrados, nuestra piel ardía, jamás me he sentido más deshidratado que en esta visita a las pirámides. Por el camino nos quedamos sin agua, y los vendedores nos insistían constantemente para vendernos una botella. Nos resistimos a comprar, pese a que nos habría venido de maravilla, pero no teníamos ganas de ponernos a regatear, ni tampoco queríamos que nos estafasen de nuevo, sabíamos que podríamos conseguirla luego más barata, fuera de la zona turística de las pirámides.

Llegamos al autobús, el cual, una vez que estábamos todos salió rumbo a la esfinge. La zona de la esfinge y la de las pirámides están muy próximas, prácticamente al lado, como se ve en el esquema siguiente. No obstante, la zona de acceso es diferente, supongo que para rentabilizar doble las visitas. Como se puede apreciar también, están cerca del río, desde donde se descargaban las piedras para las construcciones, tal como ya se comentó anteriormente.

piramides1 Nada más bajar del autobús teníamos la Gran Esfinge frente a nosotros, impresiona. Y de fondo las pirámides. Tantas veces has visto en televisión y en libros todo esto que no crees estar aquí. Sayed nos dio, como siempre, unas explicaciones sobre el monumento antes de dejarnos adentrarnos en el mismo. 101_2770

Nos acercamos hasta la Esfinge para verla de cerca y hacer algunas fotos. Yo también quería comprobar algo que había leído. Dicen que en un lateral de la Esfinge hay una entrada que da acceso a un pasadizo que conduce al interior de las Pirámides. Hay mucho debate entorno a eso, pero sea como fuere, no pudimos comprobarlo, pues había unas obras en esa parte inferior y no pudimos bajar.

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Tras un rato merodeando por alrededor de la Esfinge, soportando el calor que ya iba pasando al nivel de “abrasador” según avanzaba el día, volvimos al autobús. Nuestra visita guiada de El Cairo había concluido, y el resto del tiempo

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