EGIPTO (Parte 2) – Abu Simbel, el espejismo soñado

El gran día habia llegado. Tenía muchas ganas de ver el templo de Abu Simbel, desde pequeño lo había visto en libros y documentales y siempre me había parecido increible.

Nos levantamos a las 3 y media de la madrugada, ya que a las 4 debíamos salir hacia Abu Simbel. Bajamos sobre esa hora y fuimos directamente al autobús. La gente de nuestra nave nos dejó llevarnos las almohadas de la habitación para poder dormir por el camino y también nos prepararon un picnic para desayunar a mitad de trayecto. Nos enfrentábamos a un viaje de 3 o 4 horas por el desierto (el templo está a 300Km de Aswan). Recuerdo que subimos al autobús y era totalmente de noche, y todos llevábamos unas caras de sueño de libro. Nos acomodamos en los asientos como pudimos (normalmente cada persona ocupaba 2 asientos para poder tumbarse y dormir, no había problema ya que fue una excursión opcional y hubo quien no vino), y pasamos las horas en completo silencio, apoyados en la almohada puesta en el cristal de la ventana y dando cabezadas cuando podíamos. Sobre las 6 y pico empezó a salir el sol y abrí un ojo, ya no estabamos en la ciudad, miré a mi alrededor y vi todo desierto, kilómetros y kilómetros de arena anaranjada por todas partes y la carretera por la que circulábamos que se extendía hasta el horizonte. Era una imagen muy bonita, sobre todo ver el sol salir desde las lejanas dunas. Un momento realmente mágico, el primero de los muchos que he tenido la suerte de vivir en África. De esos que invitan a la introspección profunda. Increíble.

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Seguí durmiendo un rato más y sobre las 7 me incorporé para tomar el desayuno que llevábamos en unas cajitas azules de cartón atadas con un lacito muy hortera. el tentempié consistía en un par de panecillos con queso de cabra, un croissant con mantequilla, un bollito y un brick de zumo de mango (en el mejor de los casos, ya que hubo quien le toco un zumo de papaya o algo asi…).

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Tras varios controles policiales llegamos a un descampado en el que había aparcados muchos autobuses. Habíamos llegado a Abu Simbel…. ¡¡Que nervios!! Aunque yo trataba de visualizar ya el monumento, no estaba a la vista. Serían sobre las 8 y media de la mañana y ya pegaba el sol de forma contundente, nos pusimos protector solar antes de bajar del autobús (otro poducto imprescindible en este viaje) y nos dirigimos hacia la entrada siguiendo a Shayed. Antes de entrar algunos optaron por ir al servicio, ya que nos avisaron que en el interior del recinto era imposible, por lo que por tan sólo una libra egipcia pudieron desahogarse antes. Hasta la entrada a la zona vallada de Abu Simbel había que pasar obligatoriamente por una fila de puestos que vendían chilabas, banderas de Egipto, gorros, postales, etc…. Aceleramos el paso y fijamos la vista al frente sin hacer caso de los gritos de los vendedores, no estábamos para muchas bromas después del sueño que llevábamos encima. Esperamos como siempre a que el guia comprara las entradas (en esta ocasión habia bastante cola) y finalmente entramos a la zona de Abu Simbel….

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Lo primero que se ve es un lago impresionante, grandísimo, parece un mar, apenas se ve el otro extremo y por él circulan barcos de crucero. Se trata del lago Nasser. Quedando el lago a la derecha tenemos una pequeña montaña a nuestra izquierda.

El camino nos lleva bordeando la montaña y van apareciendo en las paredes de la misma algunos jeroglíficos. ¡Los primeros que veíamos!

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 Seguimos bordeando el monte… Y lo hicimos con cierta impaciencia (al menos yo) y precisamente en el momento en el que estamos a punto de completar los 180 grados de rotación en torno al monte, APARECE POCO A POCO ANTE NUESTROS OJOS, IM PRE SIO NAN TE…….. Esas figuras de proporciones descomunales hundidas dentro de la roca natural no pueden dejar indiferente a nadie. Me apresuré a seguir girando la montaña para poder verlo de frente mientras no podía quitar ojo a las caras de Ramsés II, ¡que perfección!. Estaba realmente emocionado. Aquello era de otro planeta.

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Cuando por fin estábamos frente al templo y con la intención de acercarnos Shayed nos pidió un momento de atención antes de dejarnos libertad. Nos explicó le historia del templo. Yo no paraba de mirar la construcción con cierta ansiedad. ¡Quería acercarme! ¡Quería mirarla de frente! Pero controlé mi deseo para escuchar al guía.

Abu Simbel significa “Montaña Pura” y fue dedicado a Ramsés II ya que en aquella época los faraones eran considerados dioses. Se construyó al sur de Egipto como un símbolo de unión con el pueblo nubio. Fue construido en el 1284 A.C. y se tardó 20 años en terminarlo. Cuando se construyó la presa de Aswán y se creó el lago Nasser el nivel del Nilo subió considerablemente y el templo peligraba por lo que tuvo que ser trasladado. Para ello se tuvieron que cortar las figuras y transportarlas hasta su nueva ubicación por partes (me parece increíble que tantos miles de años después haya que hacer esto y en su construcción original lo hicieran de una sola pieza…). Antes de la reubicación del templo todos los días 20 de febrero y 20 de octubre los rayos del sol entraban por la puerta principal hasta llegar al fondo del santuario donde iluminaban las caras de las estatuas de los dioses: Amón, Ra, y Ramsés; dejando en penumbra la del dios Ptah, ya que era considerado el dios de la oscuridad. En su nueva ubicación los ingenieros y científicos no fueron capaces de reproducir este fenómeno y sus cálculos erraron, ahora ocurre 2 días después (¡¡¿no es increible también??!! Miles de años después con tecnologías muy superiores…).

Pasada la explicación, el guia nos dejó cierta libertad, aunque nos insistió en visitar primero el templo de Nefertari (es un templo menor situado justo al lado) y posteriormente ya acceder a Abu Simbel. A todo esto un amigo de nuestro guia vendía postales de Abu Simbel, ya que estaba prohibido fotografiar su interior. Yo, dejándome llevar por la emoción le dije que las quería, que luego se las compraba en el autobús.

Haciendo un esfuerzo por no acercarnos a Abu Simbel nos dirigimos al templo de Nefertari (que fue una de sus mujeres favoritas, considerada una semi diosa). y nos paramos frente a su fachada. Realmente era un templo impresionante, con figuras de Ramses (4) y Nefertari (2) de gran tamaño entre las columnas de su entrada. El problema de este precioso templo es su ubicación. Cualquier cosa que pongas próxima al templo principal de Abu Simbel queda eclipsada por el mismo.

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Entramos al templo de Nefertari y en su interior encontramos 6 majestuosas columnas y gran cantidad de escenas de sacrificios y rituales. Al salir una de las personas que estaba en la puerta nos ofreció hacernos una foto con la llave del templo, dorada, de gran tamaño y con la forma de la llave de la vida. Dijimos que no sobreentendiendo que habría que pagar por ello, él nos dijo que no, que era gratis y nos puso la llave en las manos y finalmente nos hicimos la foto, luego no parecia importarle si le dabamos el dinero que antes decia no querer… pero decidimos no hacerlo en esta ocasión.

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Nos dirigimos entonces al templo principal de Abu Simbel. Llegamos y nos quedamos fíjamente mirándolo, he de reconocer que prácticamente se me saltaban las lágrimas. Estábamos ante una de las obras más increibles de la Humanidad y en un paraje idílico, a orillas del impresionante lago Nasser y a su vez incrustado en una montaña en mitad del desierto. Personalmente yo nunca he sabido valorar el arte, sólo basta decir en mi contra que me quedé dormido en París en el Louvre justo enfrente de la Mona Lisa, pero es que aquello no se trata de una cuestión de arte, sino de sentido común, de alzar la vista y ver esas 4 estatuas de Ramsés II sentadas en posición simbólica de paz, con sus manos sobre sus rodillas alzándose más de 35 metros y sobre todo pensar cuándo fueron construidas…. Increíble. Pasamos varios minutos haciendo fotografías en la puerta, desde todos los ángulos que se nos ocurrieron. Incluso nos fotografiámos con la cara desprendida de una de las figuras (debido a un terremoto), hasta que por fin decidimos entrar.

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Dentro se pueden ver en la sala principal 6 estatuas bastante grandes del Ramsés II ya en posición erguida adheridas a las columnas y grabados por todas las paredes del templo que representan las guerras en las que el faraón había participado. Algunos de los grabados presentan efectos de movimiento muy curiosos (reproduciendo el movimiento de las patas de un caballo en varios dibujos sucesivos superpuestos, por ejemplo). Más al fondo se encuentra el santuario donde están las estatuas de los 4 dioses y diversas imágenes en las paredes aludiendo a la fertilidad donde se pueden ver representados varios penes. No pude realizar fotografías del interior, por no estar permitido, como comenté anteriormente. Pongo a continuación unas imágenes sacadas de Internet, para no dejaros con las ganas.

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Si tuviese que destacar algo negativo sería lo relacionado a la conservación. Por un lado todos los grabados de las paredes, que no hemos de olvidar que tienen unos 3.500 años de antigüedad, están sin proteger y vi a mucha gente tocarlos y pasarles la mano por encima, lo cual me dió bastante rabia. La grasa que todos tenemos como recubrimiento natural en nuestra piel es corrosiva para la piedra. Por otro lado, por las noches se hacía un espectáculo de luces en la fachada del templo y habían clavado unos focos a las estatuas de la puerta con este fin (se puede apreciar en las fotos anteriores, en las rodillas del faraón). Y para colmo muchas de las estatuas del interior y exterior estaban grabadas con inscripciones de nombres de personas y fechas, de allá por el 1800; no dejan de ser inscripciones que ya tienen su propio valor por la antigüedad pero afean el templo.

Nos quedamos unos minutos más mirando el templo, pensando en todo un poco, en el tiempo que llevaba eso construido, el lugar en el que estábamos y todo lo que simbolizaba… Momento de reflexión, sabiendo que estaba en un lugar único y que siempre recordaría. Sentí el Síndrome de Stendhal.

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Llegó entonces la hora de subir de nuevo al bus. Volvimos y decidí no comprar finalmente las postales, pensé en descargarme de Internet al llegar a España fotos del templo, mucho más económico y práctico por no tener que escanearlas luego. Además, sabía que el recuerdo en mi mente sería suficiente. Esperamos unos minutos junto al autobús mientras veíamos patrullar a varios policias cargados con sus ametralladoras. Aproveché para hacerme una foto con un cartel explicativo en árabe sobre el monumento (a día de hoy estudio árabe pero sigo sin tener el nivel necesario para  descifrar qué pone). Subimos al autocar y tuvimos que atravesar de nuevo los 300Km hasta Aswan. Teníamos la esperanza de poder ver los espejismos del desierto que tanta gente había tenido oportunidad de observar, pero se ve que no hacía el suficiente calor (pese a que era bochornoso) o no era la hora del dia adecuada para ello, de modo que nos quedamos con las ganas y aprovechamos para volver a dormir algo o hablar con los compañeros.

Llegando a medio día al barco nos esperaba la comida. Comimos mientras el barco zarpaba y por primera vez íbamos de crucero por el Nilo realmente. Nunca olvidaré tampoco la sensación de estar en el comedor del barco tomando algo y viendo en esas enormes cristaleras pasar el rio con esos paisajes tan característicos: a la orilla una frondosa vegetación, pocos metros mas atrás y hasta donde alcanzaba la vista desierto… Para nuestro organismo parecía ya casi la cena pues llevábamos ya muchas horas fuera y habíamos comido el picnic que nos dieron y estábamos muy cansados. Comimos y nos fuimos a dormir la siesta.

Por la tarde nos despertamos cuando paró el barco, teníamos una visita programada, se trataba del templo de Kom Ombo (a unos 40 Km de Aswan río abajo). Bajamos guiados por Shayed y nos dirigimos al templo que se encuentra a escasos metros del río. Es una visión preciosa cuando llegas con el barco y lo ves ahí instalado muy cerquita del agua.

Esta construcción fue en su época una especie de hospital y está dedicado a dos dioses: Sobek y Haroeris. Es bisimétrico con dos altares en sus extremos y varias salas hipóstilas.

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Las grabaciones de las paredes son extremadamente curiosas ya que se pueden ver imágenes de partos, de utensilios quirúrgicos de la época, etc…

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Llegados a este punto he de mencionar a Eva. Eva era una compañera de trabajo en España que conoce algunos de los entresijos “misteriosos” de los templos egipcios y me indicó lugares especiales de las construcciones a los que debería prestar especial atención, advirtiéndome también de que en muchos de ellos nos pondrían trabas a la hora de acceder. Pues bien, en mi libretita de “Notas de Eva” venía este templo como primer item. Me indicó que buscase una sala concreta del templo y me advirtió de que no nos la enseñarían por defecto. Así fue. Tuve que preguntar al guía e insistirle para que nos llevase a la sala en cuestión. Y, ¿qué  había alli?. Pues para empezar la sala estaba cerrada con una reja, no se podía pasar, por lo que tuve que echar la foto que muestro a continuación un poco a ciegas metiendo el brazo. Lo que se aprecia es un fonendoscopio. ¿Un fonendoscopio en época egipcia?. El fonendoscopio fue oficialmente inventado en 1.819. ¿Como puede haber un grabado de este utensilio aquí?, y ¿por qué está esa sala cerrada?. Respecto a lo del fonendoscopio, nuestro guía no estaba de acuerdo conmigo, decía que lo que aparecía en la imagen era un collar. Juzguen ustedes mismos… Para mi no es un collar, ¿que pinta un collar en medio de un supuesto hospital y rodeado de grabados de utensilios y métodos médicos?. No lo se, es un misterio.

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Dimos una vuelta más por el templo y salimos por un pasillo en el que había grabadas unas personas con la cara totalmente desgastada (como hundida hacia dentro), esto se debe a que en aquella época, cuando estaban en la sala de espera de este sanatorio pensaban que tocando las figuras de los grabados les traspasarían a ellas las enfermedades, por eso llevan ese desgaste.

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Una vez fuera del templo había dos opciones, o volver al barco o pasear por un mercado que había a los pies del templo justo al lado del rio. Inicialmente optamos por lo segundo, pero fue poner un pie en la calle del mercado y ver como todos los vendedores se avalanzaban sobre nosotros. Uno de ellos me dijo que si quería una chilaba, a lo que yo conteste que no (aunque si que me apetecía ver alguna pero no con ese agobio), el hombré insistió, me agarró del brazo y me llevó hasta el fondo de su puesto, menos mal que mi novia se puso seria y me sacó…. Total que decidimos ir en dirección contraria y volver al barco a descansar, no teníamos ganas de pelear con esta gente, al menos no hoy. De vuelta al barco me hizo gracia un vendedor que desde su puesto grito: “¡Amigo!, ¡Comprar aqui!, ¡Aqui no agobios!”. Jajaja, me di la vuelta y sonreí, porque entre tanta locura por vender hacia gracia ver que alguno de ellos habia optado por publicitarse de esa manera, como una tienda sin agobios. Desde la habitación del barco veíamos perfectamente el mercado y como los extranjeros intentaban huir, y los vendedores a la caza, fue muy divertido, ver las caras de agobio de los turistas. Y es sumamente sorprendente la de idiomas que sabe esta gente (seguramente lo básico de cada uno de ellos para vender) y como son capaces de identificarte y saber de que país eres para hablarte en ese idioma, increible…

Mientras el resto del pasaje volvía de Kom Obmo, mi novia y yo aprovechamos para estrenar la piscina de la que disponia el barco en su cubierta. Otro momento para recordar: atardeciendo en el Nilo, con una temperatura magnífica, dentro de la piscina del barco y con el templo de Kom Ombo imponente a nuestras espaldas…

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Al rato fue llegando el resto de compañeros y disfrutamos de una agradable charla en la piscina mientras el barco zarpaba rumbo a nuestro próximo destino a orillas del Nilo. Vimos atardecer en la cubierta hasta la hora de cenar (un delicioso Falafel y de postre unos dulces increibles).

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Tras la cena nos esperaba la fiesta de chilabas en la “discoteca” del barco. Algunos habían alquilado una chilaba en la tienda del propio barco, nosotros sin embargo la habíamos comprado (mala decisión, a no ser que compres una de buena calidad no merece la pena). Entramos a la discoteca y tomamos unas cervezas mientras Shayed cogía el micrófono y nos explicaba en que iba a consistir la fiesta. Primero subimos todos al escenario y mientras sonaba la música de baile árabe teníamos que bailar hasta que de pronto, la música paraba y Shayed decía un número; en ese instante teníamos que formar grupos de ese número de personas, los que quedasen fuera de los grupos eran eliminados, así hasta tener un par o tres de ganadores. Fue divertido, aunque nos eliminaron a medio juego. Tras este se realizó un juego parecido al de las sillas rusas pero con cucharas; en este caso solo las mujeres subieron a la palestra y formando un cículo alrededor de unas cucharas que había en el suelo tenían que bailar al ritmo de la música hasta que dejase de sonar, y en ese momento debían coger con los dedos del pie una de las cucharas del suelo (había una cuchara menos que participantes) y la que quedase sin ella era eliminada…

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Una vez terminados estos juegos uno de los compañeros del viaje se atrevió a cantar una cancion en árabe (inventado) lo cual fue muy divertido…. Tras esto pidieron una cancion de Bisbal y por suerte no conocian ni quien era ese cantante (¡que alivio!). Seguimos tomando cervezas en el bar del barco unos minutos hasta que alguien propuso subir a la cubierta a seguir bebiendo allí, ya que servían igual arriba que en el bar. Una vez arriba y aun ataviados con nuestras chilabas, turbantes etc, algunos se pusieron a jugar al ping pong que había alli mientras otros aprovechamos para charlar sentados y conocernos un poco más.

El barco estaba detenido en un pueblo y amarrado junto a un puesto de policía que nos custodiaba (con sus correspondientes agentes armados). Estuvimos contemplando el ir y venir de gente del pueblo, de vez en cuando nos saludaban. El tráfico nos llamó la atención, se cruzaban coches, bicicletas, burros, peatones, etc… sin ningún tipo de organización, de una calle de un solo carril hacian hasta 3 y lo que era más sorprendente, iban siempre sin luces los coches, continuamente usando el claxon lo que se convertía en una banda sonora peculiar (más tarde nos explicarían que el motivo de no usar las luces era porque la ciudadanía seguía pensando que encender las luces del coche consumía gasolina). Al fondo se veía una mezquita adornada con las típicas luces verdes fluorescentes. De vez en cuando pasaba una calesa por la calle. Tras un rato observando comenzaron a pasar coches a toda velocidad, con unas luces de colores (como las de navidad) rodeando uno de ellos, detrás otro coche con un cámara con medio cuerpo fuera grabando. Pensamos que se trataba de una película, porque parecia como una persecución aunque era un rodaje muy peligroso…. sin luces y a toda velocidad por aquellas callejuelas…

De repente una chica del grupo tuvo una idea, “¿Por qué no bajamos a dar una vuelta por este pueblo?”. Hubo a quien no le pareció buena idea incluso a quien le daba algo de miedo, sin embargo a mi me resultó una buena opción, llevábamos 3 días en Egipto y siempre habíamos ido bajo el paraguas de nuestro guía a los templos y en la burbuja del autobús o barco, me apetecía mezclarnos con la gente y concer algo del Egipto real. Tras una media hora de dudas decidieron bajar a preguntarle a Shayed si había algún problema en salir a pasear ya que él nos podría aconsejar sobre la conveniencia o no del paseo. Resultó que en esos momentos se encontraba en su habitación en mitad de la oración, por lo que hablamos con el conserje del barco y nos dijo que sin problemas, que no pasaba nada, que nos abría el barco y luego volvería a cerrar cuando regresásemos y que no existía ningún peligro.

Pues allá que fuimos (unos 8 o 10) vestidos aún de la fiesta de chilabas, que pensamos: “Asi pasaremos desapercibidos”, si ya…. A los 30 segundos de bajar del barco ya estaban llamándonos desde la otra acera e invitándonos a entrar a las tiendas o consumir algún te en un bar (todo abierto a esas horas, sería sobre la 1 de la madrugada, pero así es la vida en estos lugares, los comercios jamás cierran). Vimos junto a nosotros los coches de las luces pasando como locos, le preguntamos a un niño y nos dijo que se trataba de una boda. Seguimos caminando por la primera calle pegada al río durante un rato, evitando en lo posible a los vendedores y los niños que se acercaban a pedirnos dinero. Hablamos con una niña que nos fue siguiendo durante un buen rato y la cual quería también algo de dinero, nos dijo que no tenia que dormir aun porque empezaba las clases al dia siguiente a medio dia, no por la mañana. También nos encontramos con unos niños que nos pedían tabaco (no me siento orgulloso de reconocer que a uno de ellos le di un cigarro, pero se pusieron excesivamente pesados ante mi negativa inicial). Después de un rato decidimos volver porque no queríamos alejarnos mucho del barco por temor a perdernos, además de empezar a haber cada vez menos luz por la zona hacia la que nos dirigíamos. En ningún momento nos separamos de la calle que iba pegada al río, más que nada porque el resto parecían oscuras y algo tenebrosas. De vez en cuando nos topábamos con algún puesto de policía vacío, construido en piedra y con muchas señales de antiguos disparos en su estructura. Volvimos al barco por el mismo camino y subimos de nuevo a la cubierta. Fue divertido, mucha gente se reía al vernos pasar; debe ser como ver a un grupo de extranjeros por España vestidos de sevillana….

Tras un rato tomando una última cerveza nos fuimos a dormir para estar descansados para el día siguiente. Algunos de los jugadores de ping pong con chilabas las habían roto por la axila dándole a la pala, y eran de alquiler, jajajaja.

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