EGIPTO (Parte 1) – Desierto Nubio junto al Nilo

El día 16 de Julio de 2009 comenzamos este increíble viaje por tierras Egipcias.

Bandera Egipto

Cogimos el avión en el aeropuerto de Madrid-Barajas con destino El Cairo, mediante la compañía Egyptair (he de reconocer que el nombre no nos aportaba confianza, era nuestro primer viaje con esta compañía…). El vuelo salió con algo de retraso y el nerviosismo era evidente entre los viajeros que ibamos a pasar nuestras vacaciones en Egipto. Minutos antes de embarcar vimos como bajaban los pasajeros que precisamente venían de El Cairo. Nos fijábamos en la ropa que llevaban, si venían morenos, los rollos de papiro que muchos traían en la mano….

Finalmente accedimos a la aeronave y despegamos, precisamente en ese momento, unas pantallas se desplegaron del techo del avión y se proyectó una grabación en la que se veía una mezquita y se escuchaba una oración en árabe mientras se sobreponían escrituras en ese lenguaje. Muchos de los pasajeros Españoles bromeaban, ya que tenemos una asociación extraña en nuestra mente occidental: Aviones – Musulmanes – Rezos del corán… que hacía que a muchos les impresonase esa situación.

egypt-air_1

Allí en el avión nos tocó al lado un niño Sudafricano muy simpático con el que charlamos durante las largas 5 horas que duró el viaje. Este chico viajaba de Madrid a El Cairo y luego de El Cairo a Johannesburgo. Ahí comenzamos a practicar el Inglés que tan útil nos sería a lo largo de nuestro viaje. Egipto tiene como idiomas oficiales tanto el Árabe como el Inglés. Por cierto, los aviones de Egyptair muy cómodos y lujosos, además de servir varias comidas, bebidas y prensa totalmente gratis. Para colmo nos ponían un par de películas que podían escucharse en el idioma que cada pasajero seleccionase (aunque el castellano era con acento Mexicano).

Una vez aterrizamos nos encontramos con una situación un poco confusa y agobiante. Debíamos coger otro vuelo hasta Aswan que salía a los pocos minutos, pero antes era necesario comprar la visa para que nos la pudieran sellar y así regularizar nuestra estancia en el país. El problema fue que al bajar del avión no nos dejaban acceder al aeropuerto, vimos un monton de gente apelotonada y empujándose sobre unos ridiculos mostradores, los cuales eran atendidos por personas con mascarillas que no paraban de gritar cosas en árabe. Eso nos asustó un poco en un principio, pero tras investigar vimos que se trataba de medidas de seguridad por el tema de la gripe A. Únicamente teníamos que rellenar un formulario, el cual para nuestra desgracia estaba en Árabe… Finalmente conseguimos unas copias del mismo en Inglés y nos hicimos con un bolígrafo para poder cumplimentar el folleto. Pasamos el escáner térmico para descartar que tuviésemos fiebre y nos dirigimos corriendo hacia el banco para comprar nuestro visado y acto seguido salir también corriendo a buscar nuestro vuelo hacia Aswan (salía en 5 minutos). Nos costó mucho llegar a este segundo avión, ya que en los controles policiales de dentro del aeropuerto no reinaba precisamente la eficacia ni la rapidez, de hecho los policias bromeaban, paseaban y hablaban entre ellos con total tranquilidad mientras una cola de impacientes turistas esperábamos sin saber siquiera si nuestro vuelo se había ido ya sin nosotros o no… ya que pasaban 10 minutos de la hora oficial de salida. No había monitores de información. No sabíamos nada. Este fue mi primer contacto con la tranquilidad africana. Es muy útil la paciencia y el saber que ya no estás en occidente, aquí todo es más lento. Estabamos tan nerviosos que ni siquiera reparamos en el aspecto desaliñado de los policias ni en la ametralladora que portaban. Otro rasgo propio de las fuerzas de seguridad en África: aspecto cutre y siempre muy bien armados, y por supuesto siempre sobornables….

Seguimos corriendo hasta llegar al último punto de control. Pasamos el escáner a las maletas. Y… Yo había traído una botella de Vodka negro del Duty Free del aeropuerto de Madrid. Pues bien, es ilegal entrar alcohol a Egipto. Esto debe quedar bien claro. Es un país musulman y NO se puede acceder a él con alcohol. Insensato de mi portaba un litro y medio de Vodka negro. Al pasar el control en aquel sucio habitáculo ví que uno de los guardas dijo algo acerca de una botella y comenzaron a hablar en Árabe. Yo no estaba para perder mucho el tiempo, de modo que, realizando la primera insensatez del viaje, aproveché el descuido mientras hablaban, cogí mi mochila y salí corriendo hacia la puerta de embarque. Mientras corría miré atrás y pude ver como habían caído en la absoluta confusión y buscaban la botella en la mochila del pasajero que pasó el escáner justo detrás de mí.

Finalmente cogimos el avión con la lengua fuera de correr por todo el aeropuerto de El Cairo. Este segundo avión era bastante más pequeño y algo antiguo pero igual de cómodo. Tras un vuelo de hora y media aterrizamos en Aswan, nuestro destino final. Eran más de las 12 de la noche y había sido una jornada agotadora. Allí en el aeropuerto nos esperaba un representante de nuestra compañía de viajes (Papirotours) el cual tuvo que mediar con la policía, ya que a unas señoras argentinas de nuestro grupo no les sellaron correctamente el pasaporte en El Cairo y no las dejaban salir del aeropuerto, los policias se pasaban de uno a otro el pasaporte, se miraban, llamaban a mas policias… aquello era de chiste, pero ninguno solucionaba nada. Tras una media hora esperando (la cual aprovechamos para fumarnos un cigarro en la puerta del autobús que debía llevarnos al hotel y para decir que “no” a los porta maletas que nos pedian dinero -nos íbamos a hartar de decir eso durante el viaje. Menos mal que nos lo aprendimos en Árabe: “la”-) el autobús salió hacia el hotel sin nuestras compañeras argentinas que se quedaron con el representante en el aeropuerto realizando llamadas para intentar solucionar el problema. En 20 minutos llegamos a orillas del Nilo acompañados ya en el bus por nuestro guía (Shayed) que nos fue haciendo una introducción sobre el país y sobre nuestro viaje en general. Una vez allí bajamos del autobús para coger una barca que habría de transportarnos hasta la puerta del hotel, ya que se encontraba en una isla en medio del Nilo. El hotel se llama Mövenpick – Aswan.

Una vez en el hotel (era la 1 y media de la madrugada) nos dieron las llaves y nos dijeron que a las 8 de la mañana teníamos que bajar a desayunar para estar a las 8 y media en marcha para nuestro primer día de actividad. La habitación del hotel muy buena, cómoda, bonita y con unas vistas al Nilo inmejorables….

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Nos despertaron llamando a la habitación y diciéndonos algo en inglés que apenas entendimos, no se si por el acento Árabe o porque simplemente estábamos dormidos. Al levantarnos descorrimos las cortinas de la habitación y…. ¡Buah! ¡Increíble! ¡Menudas vistas! No podía creerme lo que veía. Estar ahí… En una islita en mitad del Nilo, con las falucas navegando. Que sensación mas bonita.

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Bajamos a desayunar a la segunda planta del hotel. Se trataba de un buffet libre con tortitas hechas en el momento, té, café, etc… Mi novia se puso un vaso de leche y se echó algo que creía era Cola-Cao o similar, pero resultó ser canela, con lo cual la leche quedó una pasta acanelada infumable. Esto debe ser algo habitual ya que el camarero se dió cuenta y en seguida trajo otro vaso.

Nos encontramos en recepción con las compañeras Argentinas y nos contaron que salieron del aeropuerto al final a las 5 de la madrugada, por lo que apenas habían dormido.Volvimos a cruzar en barca el Nilo (pilotados por un hombre al que por cierto recuerdo que le faltaba un dedo) y de ahí al autobús para dirigirnos a nuestra primera visita de interés: el obelisco inacabado.

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En el trayecto en bus empezamos a ser conscientes de dónde estábamos realmente, el estado de las calles nada tenía que ver con una ciudad europea normal, las gentes que por ella paseaban, ataviadas con sus chilabas, velos, etc… Pero quizás lo más llamativo era el tráfico, los cruces de calles eran sitios por los que pasaba el que primero llegaba, no había ningún tipo de preferencia, y los semáforos un mero adorno. Recuerdo que nosotros mismos viajando en autobús íbamos saltándonos todos los semáforos o señales que encontrábamos en nuestro camino. En cada esquina se enlazaba una interminable cadena de coches, motos, bicicletas, caballos y peatones. Shayed iba explicándonos algo más sobre Egipto (con alusión al “supuesto” caracter democrático del país incluido) mientras nosotros mirámabos por las ventanas entre asombrados y somnolientos.

Al llegar al obelisco bajamos del autobús y volvimos a notar el calor sofocante. En cuanto a temperatura eran como las 13h o 14h de España y realmente, ¡¡eran las 9:30 de la mañana!! El guía nos hizo esperar unos minutos mientras compraba la entrada al recinto y seguidamente accedimos a lo que antaño era una cantera en plena montaña de Aswan (desde donde además se veía una bonita panorámica de la ciudad). Shayed nos explicó que aquí era donde tallaban gran parte de las piedras de los templos y que esperaban a que la crecida del Nilo llegase hasta la cantera para entonces subir las piedras a una nave que las transportaría por el río hasta su ubicación final.

En esta cantera quedó un obelisco a medio trabajar, lo que ha sido de gran valor para los arqueólogos e historiadores, que han podido hacerse una idea de cómo trabajaban en aquella época. Han quedado marcas también en el granito. Para quebrar la piedra hacían uso de maderas incandescentes que posteriormente enfriaban de manera brusca, lo que generaba grietas en la piedra. También dicen que utilizaban algún tipo de ácido para grabados o muecas.

Todo el recinto estaba vigilado por gente (¿policías de paisano?) con ametralladoras al hombro.

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Una vez visitado el lugar nos disponíamos a regresar al autobús cuando vimos que la única salida del recinto era por una calle repleta de tiendas, al final de la cual nos esperaba nuestro guia. Serían como 10 tiendas de souvenirs, refrescos, ropa, bisuteria, etc… La mayoría de nosotros no le dimos importancia y caminamos decididos hacia el autobus sin intención de comprar nada, pero este fue el instante en el que se nos mostró una parte muy característica de este país. Apenas llegábamos a la primera tienda ya había unas 5 o 6 personas gritándonos, entre ellos varios niños: “¡Españoles!”, “¡Bienvenidos!”, “¡Viva Fernando Alonso!”, “¡Amigo!, ¡Barato!”, etc… incluso alguno se atrevió con un “¡Viva Franco!” que causó cierto malestar entre algunos de los compañeros del grupo.

El pasar por delante de aquellas tiendas con nuestra cara de turistas occidentales fue más dificil de lo que parecía, más que nada por la necesidad de tener que ir diciendo constantemente: “No, gracias, no quiero nada, no, no, no….” o como algunos habíamos aprendido antes de salir (advertidos por amigos que habían visitado el país): “La, shukram”. Pues bien, yo personalmente pude zafarme de todos los vendedores excepto de un niño que me siguió hasta la misma puerta del autobús con bastante cara de pena intentando venderme unos marcapáginas de papiro en los cuales yo no tenía ningun interés; como vió que era inútil pero que en el fondo le prestaba atención, lo que hizo fue pedirme el anillo que llevaba y con mucho gusto se lo dí (era un anillo que no valía ni 50 céntimos y que no tenía ningún valor para mí). A cambio me dió un marcapáginas de esos, aunque luego mi novia aprovechó para conseguir alguno más por el mismo anillo…. Ya subiendo al bus otro niño me pidió las gafas de sol pero a eso ya no accedí.

Total que llegué al autobús después de mi primer contacto con la “realidad comercial” de este país y ya iba sin el anillo con el que había venido. Llegamos de los primeros al autobús y pudimos ver al resto de compañeros esquivando a los vendedores, fue realmente divertido. La mayoría subían resoplando aliviados al bus, aunque alguno que otro venía diciendo “Mira que pulsera más bonita he comprado, ¡y por sólo un euro!”. Con los dias alli sería consciente de que un euro es mucho dinero, es más, existe un elaborado mecanismo de estrategia comercial por el cual en los puntos de inicio de los viajes turísticos al país te ofrecen artículos a un euro y en las ciudades de fin de recorrido es habitual encontrar por ese mismo euro hasta cinco o seis unidades del mismo producto… Por lo que recomiendo ser paciente, vas a encontrar prácticamente lo mismo a la venta durante todo el viaje, y su precio irá disminuyendo, y tú mismo irás viendo cual es su precio real. Mucho menos de la mitad de lo que te piden los primeros días. Los egipcios son una raza de comerciantes desde hace siglos. Saben a la perfección si llevas mucho o poco tiempo en el país y como provocar tu atención.

Nuestro siguiente destino era la presa de Aswan. Cogimos de nuevo el autobús. Autobús que se convierte en un oasis de alivio durante todo el viaje, por dos motivos. El primero de ellos es que alivia el agobiante calor del país y el segundo que te protege de los constantes vendedores. Al llegar a la presa Shayed nos explicó la importancia de su construcción para dar suministro eléctrico a una gran parte de Egipto, así como para controlar el caudal del Nilo. También nos comentó que a un lado de la presa había cocodrilos, mientras que al otro ya no, pues se les impedía el paso mediante un sistema ideado para ello. Por otra parte también nos habló de que murieron miles de personas durante la construcción de la presa y que se tardó muchos años en terminarla. Sin duda una buena obra de ingeniería, aunque nada que ver con lo que veríamos los días posteriores….

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Llegado ya prácticamente el medio día y de vuelta de la presa el autobús nos llevó a una gran tienda de perfumes allí en Aswan. En el trayecto nuestro guia Shayed nos reconoció tener comisiones de venta en los productos que allí comprásemos. El sitio era realmente bonito, eran varios pisos de una casa muy grande y antigua donde todas las habitaciones estaban llenas de vidrieras con frascos de perfume. Los frasquitos los fabricaban allí mismo. Nos hicieron una demostración de cómo lo hacían: moldeándolos con fuego y soplando para darle forma al vidrio. La demostración incluyó susto y todo cuando el artesano explotó una burbuja de cristal para crear un orificio en el recipiente que estaba moldeando. Más tarde nos subieron a otra planta, nos sentaron y nos prepararon un té. Tras tomarnos la bebida escuchando la explicación del proceso de fabricación de perfumes nos dieron a oler práctiamente todas las variedades de perfume que tenían, y según decían, eran las mismas esencias usadas por las grandes marcas de perfume occidentales: Hugo Boss, Channel, etc… Finalmente salimos del recinto (creo que nadie compró nada para desgracia de Shayed) y volvimos al autobús, en ese cortísimo trayecto (el bus estaba aparcado justo en la puerta) nos asaltaron vendedores ambulantes de marcapáginas de papiro, vendiéndolos a 1 euro cada uno. Subimos al autobus y desde abajo comenzaban a mejorar la oferta, ahora eran 5 por 1 euro. Cuando ya estábamos todos arriba Shayed habló con uno de los vendedores y nos dijo a todos si alguien queria comprar 10 por 1 euro, varios de los compañeros de viaje compramos entonces los mini papiros. Ojo, ¡10 veces más barato de lo que lo habían ofrecido unos segundos antes! Y aún se podrían conseguir más barato… Nunca compres nada sin hacer el amago de irte, la oferta mejora sorprendentemente, y es más, te perseguirán, por lo que haz bien el amago, no des sólo dos pasos.

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Tras esto fuimos directamente a lo que sería nuestra nave para el crucero por el Nilo, se trataba del “Nile Supreme”. Nos dejaron las maletas en las habitaciones y repartieron las llaves.

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Tras visitar las habitaciones bajamos a comer nuestra primera comida en Egipto. Comimos arroz, falafel, patatas… siempre llevando cuidado con no comer nada crudo aunque nos dijeron que la comida del barco era fiable para nuestros estómagos occidentales…  Esto es otro dato a tener en cuenta: cualquier agua que no esté embotellada es susceptible de ocasionarnos una diarrea aguda durante varios días (la conocida como “diarrea del viajero”, del mismo modo hay que llevar cuidado con los alimentos que están sin cocinar y en contacto con el agua de allí: verduras y frutas sin pelar. Esto se debe, no a que seámos más débiles que los habitantes de allí, sino a que exite en el agua siempre una bacteria llamada Escherichia Coli, tanto allí como aquí como en cualquier lugar del mundo, y los organismos desarrollamos una inmunidad a ella, pero en estos países la cepa de dicha bacteria es diferente). Es recomendable llevar Fortasec. También tuvimos la ocasión de tomarnos nuestra primera cerveza en el país (al ser un país musulmán en sitios no turísticos no venden cerveza), se trataba de una STELLA de medio litro (sí, las cervezas en general en África son grandes, y normalmente no están frías, pero en el barco están especializados en turistas y sí las sirven frescas). ¡Que decir de lo bien que sienta una cerveza fresca con ese calor! Pero cuidado, en el barco te cobran precio occidental. Te resultará barato, pero es carísimo para los precios del país. Eso sí, fura del barco o del hotel es complicado sonseguir alcohol en condiciones.

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Tras la comida y una merecida siesta, sobre las 4 de la tarde nos esperaba una excursión en faluca por el Nilo y los que lo hubiésemos contratado teníamos también la visita al poblado nubio. La raza nubia poblaba el sur de Egipto desde antes de los faraones, son de piel más oscura que el resto de Egipcios y tienen unas tradiciones y modo de vida propios muy enraizados. Nuestro guía nos dijo que el poblado que íbamos a ver no era turístico, que era la vida de los nubios tal cual… realmente era una atracción de feria, con encanto pero totalmente adaptado y acostumbrado al turismo diario.

Subimos a la pequeña embarcación y surcamos el increible y anchísimo rio Nilo con un calor asfixiante mientras Shayed nos contaba cosas sobre las costumbres nubias, como por ejemplo la de cubrir los brazos de las mujeres con pulseras de oro según el poder adquisitivo y como medio de inversión para futuras necesidades. A mitad de camino, los dos chavales que había en la Faluca tuvieron un “espontáneo” arranque y comenzaron a cantarnos una canción típica nubia mientras tocaban sus instrumentos de percusión. Todos nos levantamos y bailamos aquella melodía. Obviamente aquello no era un acto desinteresado. Tras terminar la actuación montaron en la propia barca un pequeño puestecillo de souvenirs y bisuteria.

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El resto del trayecto lo pasamos contemplando el paisaje, el majestuoso desierto se extendía desde unos metros de la orilla del río hasta donde alcanzaba la vista. De vez en cuando pasábamos cerca de alguna construcción antigua: tumbas, templos, etc… Y de tanto en tanto algún niño atrevido se acercaba a nuestra faluca subido en un corcho o un plástico y remando con sus propios brazos para pedirnos un euro mientras nos cantaba la macarena….

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Según nuestra embarcación se iba aproximando a la orilla para desembarcar avistábamos una nube de camellos esperándonos. Así como varias personas que intentarían vendernos collares en tal que pusiéramos pie en tierra. Tras subir cada uno a un camello (estaba incluido en el precio de la visita al poblado aunque era opcional) dimos un paseo por la orilla desértica del rio de unos 25 minutos hasta llegar al núcleo del poblado nubio donde unos niños nos ayudaron a bajar del animal pidiéndonos luego propina por ello (y enfadándose por no recibir lo suficiente en todos los casos independientemente de la cantidad aportada).

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Entramos a una casa en la que vivía gente y donde nos “invitaron” a un té, un poco de pan con diferentes salsas (quesos, miel, pasta de cacao….) y también a fumar shisha. Tras esto una señora se ofrecía a realizarnos un tatuaje de henna y después se nos daba libertad para pasear por la vivienda y realizar fotografías. Había animales disecados por toda la casa, que según su tradición alejaban a los espíritus, también tuvimos la ocasión de ver como criaban cocodrilos e incluso de coger con nuestras manos a uno pequeño.

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Al salir de la casa nos estaban esperando niños para pedirnos dinero de nuevo y algunas ancianas que vendian unos muñequitos de madera. Aqui fueron especialmente insistentes, dejándonos los muñecos en las manos aunque no los quisiéramos y pidiéndonos el dinero de forma desesperada. Aproveché para darles unos caramelos a unas niñas, aunque no se si fue buena idea ya que luego se pelearon por ellos y nos estuvieron siguiendo constantemente.

Paseamos por el poblado siguiendo a Shayed hasta llegar a un mercadillo en el cual nos dejó y nos dijo que nos esperaba al otro lado del mismo en media hora para regresar al barco. Nosotros atravesamos el mercado esquivando de nuevo a los insistentes vendedores. Yo intenté comprar tabaco ya que se me había terminado. El Marlboro estaba a 1 euro el paquete, sin embargo a mi me apetecía probar tabaco de allí, por lo que le pedí al vendedor ambulante que me diese un paquete de Cleopatra. El hombre logró hacerme el lío hablandome primero en Libras Egipcias, luego en Euros, luego ofreciéndome un 2×1, luego no… total que al final acabé comprando el paquete de Cleopatra por 1 Euro (lo que valía el Marlboro) además al pagarle me dijo que no tenía cambio y en lugar de devolverme me dio otro paquete de tabaco…. en fin. Creía haber hecho buen negocio hasta que llegue al barco y lo pensé y me dije: “coño, ¡me la ha colado!”. Son unos grandes mercaderes los Egipcios. Llevan toda la vida siéndolo.

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Llegamos a la faluca donde nos esperaba el guía, el cual se sorprendió (y seguramente molestó ya que llevaba comisión) de ver que habíamos llegado tan pronto y no en media hora como nos había dicho. Subimos a la barca y zarpamos de regreso a nuestra nave. Al dejar atrás el poblado se podía ver a dos niños jugando con la arena. Foto obligada y escenario quizás preparado. Mi pareja Cristina, me comentó que quería adoptar a una de las niñas, aquella imagen la enterneció.

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De vuelta, la mayoría subimos al techo de la faluca a aprovechar la brisa que el Nilo nos brindaba al atardecer, ya con mucho menos calor. Una sensación muy placentera.

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Arrivamos a nuestro Barco-Hotel donde pudimos descansar y tomar la cena compuesta de: pollo, arroz y unos dulces exquisitos de postre (la famosa repostería árabe nunca decepciona). Había que descansar mucho ya que a las 4 de la madrugada saliamos hacia… ¡¡¡Abu Simbel!!! (los que lo habíamos contratado, porque no era nada barato). Era una de las ilusiones de mi vida. Desde que estudié Historia en el colegio siempre quise visitar este templo. Antes de ir a la cama subimos a inspeccionar la cubierta del barco. Había unas tumbonas que seguro en días sucesivos aprovecharíamos, así como una piscinita.

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